LA PARÁBOLA DEL AMOR QUE NUNCA MURIÓ
Abr 26, 2025
La parábola del amor que nunca murió
Él la amó como se ama a una sola vez en la vida: sin medida, sin condiciones, sin promesas rotas.
Ella, con el tiempo, eligió otros caminos, otras manos, otros besos. Se fue creyendo que todos los seres humanos tenemos la capacidad de siempre amar y enamorarnos una y otra vez.
Pero él no la dejó de amar.
No porque no pudiera olvidarla, sino porque había amado con tanta verdad, que el amor ya no dependía de su presencia. Era una llama que ardía sola, sin leña nueva, sin viento que la apagara.
Pasaron los años. Ella hizo su vida. Él hizo la suya.
Cada noche, al cerrar los ojos, en el fondo de su alma, seguía nombrándola en silencio. No para llamarla de regreso. No para reclamarle nada.
Sino porque algunas historias son tan profundas que no necesitan un final feliz para ser eternas.
Y así murió él: con el corazón abierto, como un templo sagrado donde todavía, en algún rincón secreto, florecía el eco de su amor por ella.
Un amor que no pidió nada, que no exigió ser correspondido, pero que vivió, ardió y trascendió en el tiempo.
Porque los amores verdaderos no se apagan. Se convierten en eternidad
#16
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